La ciberseguridad entra en una etapa de mayor complejidad. El crecimiento de la inteligencia artificial, la automatización y los sistemas digitales amplía las oportunidades para el desarrollo económico, pero también multiplica los riesgos. En América Latina, las organizaciones de la región enfrentan más de 3.000 ciberataques semanales por empresa, una cifra que supera ampliamente los promedios globales y confirma que el ecosistema digital regional se ha convertido en uno de los más atacados del mundo. La consecuencia directa es una presión creciente sobre empresas, gobiernos y usuarios. Las amenazas evolucionan y la confianza digital comienza a posicionarse como uno de los activos más críticos para las organizaciones. La gestión de identidades, el control de accesos y la gobernanza de sistemas automatizados pasan a ocupar un lugar central en la agenda de seguridad corporativa.

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Un informe reciente de la empresa de ciberseguridad One Identity advierte que 2026 será un punto de inflexión en la forma en que las organizaciones enfrentan los riesgos digitales. El documento identifica tres grandes frentes de amenaza: el avance de la inteligencia artificial en ataques y defensas, el aumento del robo y abuso de identidades digitales, y una creciente crisis de confianza en los entornos digitales.
América Latina bajo presión digital de los ciberataques
El panorama regional ya muestra señales claras de vulnerabilidad. Según los datos analizados por el informe, miles de organizaciones latinoamericanas enfrentan ataques constantes cada semana. Esto incluye intentos de intrusión, robo de credenciales, campañas de phishing y explotación de fallas en sistemas corporativos.
A esta presión externa se suma un problema interno. Estudios citados en el informe indican que cerca de 40 % de los trabajadores latinoamericanos no conoce las políticas de seguridad digital de sus empresas. Además, 17 % ni siquiera sabe si esas políticas existen.
La falta de conocimiento interno aumenta la exposición al fraude y a los errores humanos, que siguen siendo una de las principales puertas de entrada para los ciberataques. En paralelo, los consumidores también enfrentan riesgos crecientes. Esquemas tradicionales como el phishing continúan siendo una de las formas más comunes de fraude digital en la región, con millones de personas afectadas cada año.
La identidad digital se convierte en el nuevo perímetro
Uno de los cambios más importantes que anticipa el informe para 2026 es el desplazamiento del concepto tradicional de seguridad. Durante décadas, las empresas protegieron sus sistemas mediante perímetros digitales, como redes internas o firewalls. Ese modelo pierde eficacia en un entorno donde empleados, socios y sistemas automatizados acceden a datos desde múltiples plataformas y ubicaciones.
En este contexto, la identidad digital comienza a ocupar el centro de la estrategia de seguridad.
“En 2026 ya no será suficiente decir que una empresa es segura. Las organizaciones deberán probarlo en tiempo real, con trazabilidad completa de quién accede a qué, cuándo y por qué. La identidad se convertirá en el nuevo perímetro de seguridad”, afirma Gabriel Lobitsky, gerente general de One Identity para América Latina.
El cambio implica que las empresas deben demostrar continuamente cómo administran privilegios, accesos y delegaciones dentro de sus sistemas. Esto incluye registrar quién accede a determinada información, durante cuánto tiempo y con qué permisos.
Los modelos tradicionales basados únicamente en auditorías periódicas o cumplimiento documental comienzan a quedar obsoletos.
IA autónoma y nuevos riesgos de seguridad
Otro de los escenarios que preocupa a los especialistas es la evolución de los sistemas de inteligencia artificial. Los asistentes digitales y herramientas basadas en IA ya no se limitan a analizar información o generar contenido. Cada vez más sistemas ejecutan acciones automáticas dentro de plataformas empresariales.
Esto incluye modificar configuraciones, procesar datos sensibles o interactuar con otros sistemas.
El informe advierte que esta evolución abre la puerta a una nueva categoría de incidentes de seguridad: las brechas provocadas por IA con privilegios excesivos. Si un sistema automatizado obtiene más permisos de los necesarios, un atacante podría manipularlo para alterar datos o ejecutar acciones críticas.
“Estamos entrando en una etapa donde la IA no solo apoya decisiones, sino que actúa. Si no se gobiernan correctamente esas identidades dentro de la IA, el impacto de una brecha puede ser inmediato y masivo”, señala Lobitsky.
La gestión de permisos y privilegios dentro de los sistemas de inteligencia artificial se convierte así en uno de los nuevos desafíos para las áreas de seguridad informática.
El crecimiento de identidades no humanas
La expansión de sistemas automatizados también provoca otro fenómeno importante: el crecimiento acelerado de identidades no humanas.
Estas identidades incluyen bots, cuentas de servicio, aplicaciones automatizadas y agentes de inteligencia artificial que interactúan con sistemas empresariales. En muchas organizaciones, estas identidades ya superan en número a los usuarios humanos.
El problema es que muchas empresas no tienen visibilidad completa sobre estos accesos.
“Muchas empresas no saben cuántas identidades no humanas existen en sus entornos ni quién es responsable de ellas. En 2026, esa falta de control dejará de ser tolerable para reguladores, clientes y directorios”, advierte Lobitsky.
El desafío no se limita a identificarlas. Las organizaciones deben implementar mecanismos de gobernanza que incluyan responsables claros, control de ciclo de vida y procedimientos para desactivar rápidamente estos accesos cuando dejan de ser necesarios.
IA contra IA en el campo de batalla digital
El informe también anticipa una intensificación de la llamada carrera armamentista digital. Los atacantes comienzan a utilizar modelos avanzados de inteligencia artificial para automatizar campañas de ataque, identificar vulnerabilidades y generar contenido fraudulento más convincente.
Al mismo tiempo, las empresas y proveedores de seguridad adoptan herramientas basadas en IA para detectar patrones de ataque, analizar comportamientos anómalos y responder en tiempo real.
Este escenario configura una dinámica de IA contra IA, donde la capacidad de defensa depende cada vez más de sistemas automatizados.
En este contexto, la transparencia y la auditabilidad de los modelos de inteligencia artificial adquieren una relevancia estratégica. Las organizaciones necesitan entender cómo funcionan estos sistemas y poder explicar sus decisiones.
Nuevas amenazas invisibles
El informe también identifica amenazas emergentes que podrían tener un impacto significativo en los próximos años en los ciberataques a América Latina.
Una de ellas es el envenenamiento de modelos de inteligencia artificial. Este tipo de ataque consiste en manipular los datos utilizados para entrenar sistemas de IA, con el objetivo de alterar sus resultados sin generar señales evidentes.
Un modelo afectado por este tipo de manipulación podría tomar decisiones incorrectas en áreas críticas como seguridad, finanzas o análisis de riesgos.
Otra tendencia emergente es el avance del modelo conocido como “Bring Your Own ID”. En este esquema, los usuarios utilizan identidades digitales verificadas por gobiernos o entidades confiables para acceder a servicios en línea.
Este enfoque podría mejorar la autenticación y reducir el fraude digital, aunque también plantea desafíos regulatorios y de privacidad.
Regreso a los fundamentos de seguridad
A pesar del avance de tecnologías complejas como la inteligencia artificial, los especialistas coinciden en que muchas brechas de seguridad siguen ocurriendo por fallas básicas.
El informe destaca que prácticas como la autenticación multifactor, el control estricto de accesos y la gestión adecuada de identidades siguen siendo pilares fundamentales para la protección digital.
También se anticipa una transición desde el enfoque tradicional de recuperación tras incidentes hacia un modelo de resiliencia cibernética. Este concepto busca que las organizaciones puedan resistir ataques, mantener operaciones críticas y recuperarse rápidamente ante cualquier incidente.
“La automatización y la IA solo son tan fuertes como los controles básicos que las sostienen. La confianza digital será uno de los activos más valiosos para las organizaciones”, concluye Lobitsky.
El mensaje es claro. En un entorno dominado por inteligencia artificial, automatización y servicios digitales, la seguridad ya no depende solo de la tecnología. Depende también de la capacidad de las organizaciones para gestionar identidades, controlar accesos y demostrar que sus sistemas son confiables en tiempo real.















