La evolución no tiene que ver con la perfección, sino con lo que el Nobel Herb Simon llamó “satisficing” (satisfacer de manera suficiente), obteniendo un resultado y conformándose con él. Por ello, en ocasiones el resultado no es todo lo elegante que cabría suponer. En el caso de nuestros ojos, gran parte de lo que vemos no es real, sino que se lo inventa el cerebro, modificando las instantáneas de la realidad como se hace con PhotoShop. Ello se debe a que, si bien nuestro sería como una cámara de fotos de decenas de megapíxeles, no hay forma de enviar toda esa información al cerebro.
De modo que se queda con una fracción de la realidad, comprime las imágenes como comprimimos un JPG. Descarta los detalles que no considera relevantes. Gracias a ello, se pueden celebrar concursos de ilusiones ópticas, es decir, de cosas que vemos de una forma pero que en realidad son de otra. En 2014, la ganadora ha sido la que podéis contemplar a continuación.
















