No solo los teléfonos inteligentes avanzan a pasos agigantados. Las tecnologías criminales mejoran a un ritmo igualmente notable, y un buen ejemplo son los lectores que se utilizan para copiar tarjetas bancarias a los usuarios desprevenidos de cajeros automáticos. No solo son prácticamente invisibles, sino que su batería les permite mantener su actividad criminal durante mucho más tiempo.
Antes, los sistemas para clonar tarjetas ilegalmente eran aparatosos, y se instalaban sobre la propia ranura del cajero tratando de imitar su aspecto. Sin embargo, los nuevos modelos son extremadamente finos y se insertan en la ranura original del cajero hasta quedar prácticamente fuera de la vista salvo para un observador experimentado.
Estos dispositivos para robar números de tarjeta son cada vez más difíciles de detectar y para rematar, algunos de ellos funcionan en conjunto con una pequeña cámara activada mediante una batería de smartphone y montada sobre una pequeña estructura que queda disimulada sobre el teclado. Mientras que el lector copia nuestro número de tarjeta, la cámara registra los números de la clave secreta que marcamos. Ambos datos son enviados directamente a un smartphone cercano.
De momento, el único método para prevenir que nuestra tarjeta sea copiada es revisar con atención la máquina en la que vamos a efectuar una operación y, si hay algo que nos resulte extraño, sencillamente no usarlo.















