Los ataques de ransomware en Latinoamérica aumentan con fuerza en 2025 y marcan una alerta creciente para gobiernos, empresas y organizaciones de todos los tamaños. Los ciberdelincuentes mantienen la presión sobre sistemas críticos, cifran información y exigen pagos para liberar datos. La tendencia no muestra señales claras de retroceso en 2026, mientras la región acelera su digitalización sin cerrar brechas estructurales en ciberseguridad.

Andrey Popov | Dreamstime.com
Suben los ataques y la región lidera el crecimiento global
En 2025, Latinoamérica se posiciona como la región con el mayor crecimiento de ataques informáticos. Check Point Research reporta que las organizaciones de la región reciben en promedio 3.065 ataques semanales, lo que representa un aumento de 26% frente a 2024. La firma destaca que el ransomware continúa entre las amenazas más disruptivas por su impacto operativo y financiero.
Kaspersky, en su Panorama de Amenazas para América Latina 2025, señala que entre agosto de 2024 y junio de 2025 se registran más de 1,1 millones de intentos de ataques de ransomware en la región. El promedio alcanza dos intentos por minuto y cerca de 3.000 diarios. Aunque la compañía detecta una leve variación interanual en algunos mercados, el volumen total se mantiene en niveles altos y sostenidos.
El panorama confirma que Latinoamérica deja de ser un objetivo secundario del ransomware. Las bandas especializadas operan con modelos de Ransomware-as-a-Service. Esto les permite escalar operaciones y atacar múltiples países al mismo tiempo.
Países más afectados en 2025
El impacto del ransomware no es uniforme. Algunos países concentran mayor actividad maliciosa.
Brasil lidera la región. Datos de SCILabs lo ubican con cerca de 33,85% de los ataques de ransomware detectados en Latinoamérica durante 2025. El tamaño de su economía y su alta digitalización lo convierten en un blanco atractivo.
México ocupa el segundo lugar. Reportes difundidos por medios económicos locales, con base en datos de firmas de seguridad, indican que concentra alrededor de 15,9% de los ataques regionales en el primer semestre de 2025. El país supera los 200.000 intentos bloqueados en ese período.
Colombia aparece entre los mercados con mayor crecimiento en incidentes. Representa aproximadamente 11% de la actividad regional, según análisis de compañías especializadas en inteligencia de amenazas.
Argentina se mantiene entre los cinco países con más casos, con cerca de 10% de participación en los registros regionales de ransomware.
Chile completa el grupo de naciones más afectadas. Aunque su volumen absoluto es menor que el de Brasil y México, mantiene una incidencia relevante en proporción a su tamaño económico.
Este mapa confirma que las principales economías digitales de la región concentran la presión del ransomware.
Sectores bajo mayor presión
El ransomware en Latinoamérica apunta a sectores estratégicos. Las cifras de Check Point Research y otros informes sectoriales muestran patrones claros.
Manufactura e industria encabezan los sectores más golpeados. Las plantas de producción dependen de sistemas conectados y no pueden detener operaciones sin pérdidas millonarias. Esto aumenta la probabilidad de pago ante un cifrado exitoso.
Gobierno y administración pública también figuran entre los más atacados. Los sistemas estatales manejan grandes volúmenes de datos sensibles. Además, cualquier interrupción tiene impacto social inmediato.
El sector educativo presenta alta exposición. Universidades y centros académicos operan con presupuestos limitados y redes amplias. Esto facilita campañas de phishing y movimientos laterales dentro de la infraestructura.
Empresas de tecnología y proveedores de servicios digitales enfrentan ataques constantes. Su posición en la cadena de suministro los convierte en objetivos estratégicos.
Salud y servicios financieros también reportan incidentes relevantes en varios países, debido al valor crítico de la información que gestionan.
Usuarios particulares también están en riesgo
El ransomware no afecta solo a grandes empresas o gobiernos. Los usuarios particulares también enfrentan esta amenaza. Kaspersky y ESET advierten en sus reportes regionales de 2025 que los ataques dirigidos a computadoras personales siguen activos en América Latina, especialmente a través de correos de phishing, descargas de software pirata y falsas actualizaciones. En muchos casos, el malware cifra fotos, documentos laborales y archivos personales almacenados en la PC o en discos externos conectados.
Aunque las demandas económicas suelen ser menores que en el entorno corporativo, el impacto emocional y financiero puede ser alto. Los expertos recomiendan, para los usuarios particulares, mantener el sistema operativo actualizado, usar soluciones de seguridad confiables, activar copias de seguridad automáticas en la nube y desconfiar de enlaces o archivos adjuntos inesperados. La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva también para el usuario doméstico.
Tendencias que marcan 2026
Las proyecciones para 2026 apuntan a una sofisticación mayor de las campañas de ransomware.
Una tendencia clave es la doble y triple extorsión. Los atacantes no solo cifran datos. También amenazan con publicarlos o con atacar a socios comerciales de la víctima.
El uso de inteligencia artificial por parte de los delincuentes crece. Las herramientas automatizadas permiten crear campañas de phishing más convincentes y personalizadas.
La migración acelerada a la nube abre nuevos frentes. Configuraciones incorrectas y credenciales débiles exponen entornos críticos. Varias firmas de ciberseguridad advierten que la nube mal configurada se convierte en puerta de entrada frecuente.
Otra tendencia es el ataque a pequeñas y medianas empresas. Estas organizaciones forman parte de cadenas de suministro de grandes corporaciones. Los ciberdelincuentes las utilizan como punto de acceso indirecto.
Además, los grupos criminales diversifican sus métodos de pago y utilizan criptomonedas con mayor anonimato. Esto complica el rastreo financiero.
Todo indica que 2026 mantiene una presión elevada. La profesionalización del cibercrimen reduce barreras de entrada y amplía el alcance geográfico.
Recomendaciones para reducir el riesgo
El ransomware no se elimina con una sola herramienta. Requiere estrategia integral.
Primero, realizar copias de seguridad frecuentes y mantenerlas aisladas de la red principal. Los respaldos fuera de línea permiten recuperar información sin negociar con atacantes.
Segundo, aplicar parches y actualizaciones de forma constante. Muchas infecciones explotan vulnerabilidades conocidas con soluciones disponibles.
Tercero, implementar autenticación multifactor en accesos críticos. Las credenciales robadas siguen siendo una vía común de intrusión.
Cuarto, segmentar redes internas. Limitar privilegios reduce la propagación lateral del malware.
Quinto, capacitar al personal. El phishing continúa como principal vector de entrada. La formación periódica disminuye la tasa de clics en enlaces maliciosos.
Sexto, desplegar soluciones de detección y respuesta en endpoints. Las plataformas EDR permiten identificar comportamientos anómalos antes de que el cifrado se complete.
También es clave contar con un plan de respuesta a incidentes probado. Simulacros internos mejoran tiempos de reacción.
Una amenaza que exige prioridad estratégica
Las cifras de 2025 confirman que el ransomware se consolida como una de las amenazas más graves para Latinoamérica. El crecimiento regional supera el promedio global en varios indicadores. Brasil, México, Colombia, Argentina y Chile concentran buena parte de la actividad maliciosa. Manufactura, gobierno y educación figuran entre los sectores más expuestos.
Las tendencias para 2026 no anticipan una disminución significativa. Al contrario, muestran mayor sofisticación y diversificación de ataques.
La región enfrenta un desafío estructural. La transformación digital avanza rápido. La inversión en ciberseguridad no siempre acompaña ese ritmo. Reducir la brecha es clave para proteger datos, operaciones y confianza en el entorno digital.
El ransomware ya no es un riesgo hipotético. Es una realidad operativa diaria para miles de organizaciones en América Latina.















