Durante 450 años el mundo aprende geografía con un error en el mapamundi que no le hace honor a África. Ese error tiene nombre: proyección de Mercator. Ese error acaba de perder su trono en la ONU. El viernes 4 de septiembre de 2026 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución histórica. Su nombre es «Corregir el mapa». Su objetivo es simple pero incómodo: dejar atrás, para determinados usos, el mapamundi que durante siglos define cómo la humanidad ve su propio planeta. La votación no dejó lugar a dudas. 164 países dijeron sí. Seis se abstuvieron: Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania. Uno solo votó en contra. Ese uno fue Estados Unidos.

En este enlace lo puedes descargar desde el sitio oficial de la ONU.
El mapamundi que todos usamos está roto del lado de África
La proyección de Mercator nació en 1569. Su creador, el geógrafo flamenco Gerardus Mercator, la diseñó para un propósito muy concreto: la navegación marítima. Funciona de maravilla para trazar rutas. Falla de manera brutal para representar tamaños reales.
El problema del mapamundi tiene un nombre técnico y una consecuencia muy visual en África. Cuanto más lejos está una masa continental del ecuador, más grande parece en el mapa. Rusia, Canadá, Groenlandia y Europa se inflan. África, América Latina y el sudeste asiático se encogen.
El ejemplo favorito de quienes impulsan el cambio es Groenlandia. En el mapa que todos memorizamos en la escuela, Groenlandia luce casi tan grande como África. La realidad es otra: África es hasta 14 veces más grande que Groenlandia.
Esa distorsión no es un detalle inocente. Se repite en libros de texto, en noticieros, en aplicaciones de mapas, en salas de clase de todo el planeta. Genera una idea equivocada y persistente sobre qué región del mundo pesa más, literal y simbólicamente.
Togo lidera la revuelta cartográfica
La resolución nace de una campaña impulsada por Togo en nombre del Grupo Africano, con el respaldo de los 54 países de la Unión Africana. La Unión Africana ya adoptó esta postura oficialmente en febrero de 2026. Ahora la ONU la convirtió en una recomendación global.
El texto de la resolución no se anda con rodeos. Habla de «justicia cognitiva» y de «reparación de la memoria». Describe la desproporción cartográfica como una fuente de percepciones erróneas que contribuyen a la minimización simbólica de África en el imaginario colectivo que ha usado este mapamundi.
La propuesta también contó con apoyos de peso fuera de África. Francia anunció que su cancillería dejaría de usar el mapa de Mercator. La Unión Europea respaldó el texto, aunque con matices que se vuelven clave más adelante.
Equal Earth, la proyección que quiere ocupar el trono
La alternativa que promueve la ONU tiene nombre propio: Equal Earth. Se trata de una proyección cartográfica que se diseñó en 2018 y que respeta las áreas relativas de los continentes. Ningún territorio se infla ni se desinfla de manera artificial por su latitud.
Es importante aclarar algo que se presta a confusión. Equal Earth es una proyección matemática, no un mapa político. Representa superficies con mayor fidelidad, pero no define fronteras ni resuelve disputas territoriales por sí sola.
Esa distinción se volvió central durante el debate. Ucrania respaldó la corrección de las distorsiones que afectan a África y al resto del Sur Global. Pero puso un reparo serio: algunos mapas políticos que usan la base Equal Earth representan territorio ucraniano ocupado por Rusia de una forma que Kiev considera inaceptable.
La Unión Europea, a través de Irlanda, aclaró entonces el alcance real de su apoyo. El bloque respalda únicamente el tamaño relativo de las masas de tierra. No respalda fronteras, denominaciones ni interpretaciones geopolíticas de ningún mapa concreto publicado bajo esa proyección.
Washington rompe filas
Estados Unidos quedó solo frente al resto del planeta. Su representante ante la ONU cuestionó que la Asamblea General invirtiera tiempo en un asunto cartográfico mientras existen crisis de paz, prosperidad y relaciones internacionales pendientes. La delegación estadounidense calificó la iniciativa como un proyecto ideológico radical.
Esa postura conecta con un debate más amplio que ya circula en algunos sectores académicos y políticos desde hace años. Para una parte de la comunidad internacional, revisar símbolos y representaciones heredadas de siglos pasados es una forma legítima de corregir sesgos estructurales. Para otra parte, iniciativas como esta desvían el foco de asuntos supuestamente más urgentes.
Lo que la resolución no cambia
Conviene ser preciso sobre los alcances reales de esta decisión. La resolución no es jurídicamente vinculante. No prohíbe el uso del mapa de Mercator. No impone un único mapamundi oficial para todos los países ni organismos.
Lo que sí hace es alentar. Invita a gobiernos, escuelas, organizaciones internacionales y empresas tecnológicas a adoptar y difundir proyecciones de áreas equivalentes como Equal Earth cuando el tamaño relativo importa. También pide enseñar de forma explícita las limitaciones que implica representar un planeta esférico sobre una superficie plana.
El resultado práctico dependerá de cuántas instituciones, editoriales escolares y plataformas digitales decidan seguir esa recomendación en los próximos años. Por ahora, el mapa de Mercator sigue colgado en miles de aulas. Pero por primera vez en 450 años, tiene una competencia oficial con el sello de Naciones Unidas.














