Con frecuencia respondemos de forma inmediata y sin pensar a los emails con consecuencias desastrosas. Conviene esperar antes de enviar una respuesta, o incluso no llegar a responder nunca.
En la sociedad de la información actual, nos hemos habituado a responder de forma inmediata a los correos electrónicos que llegan a nuestra bandeja de entrada, y de igual manera, a esperar una respuesta instantánea a nuestras misivas. Pero a diferencia de la comunicación verbal, los mails nos pueden meter en un buen aprieto en el peor de los casos, o bien en un entuerto en el que luego tendremos que malgastar muchas energías en el mejor de los escenarios. Parece evidente que en esta situación, lo más prudente es esperar antes de dar a «enviar», pero ¿somos capaces de ello?















