El jurado que aplicará o no la cadena perpetua para Ross Ulbricht, de 30 años, acusado de ser el creador de una página de Internet “oculta” dedicada a la venta de drogas y otros delitos bautizada como Silk Road (Ruta de la Seda), tiene entre manos un asunto peliagudo. No solo porque va a tener que lidiar con términos informáticos como bitcoin o Tor, muy alejados de las sordideces habituales, sino porque el caso se mueve entre arenas movedizas.
Sobre la mesa está la capacidad de las autoridades para luchar contra el uso de la moneda virtual bitcoin, utilizada por los usuarios de Silk Road, en el tráfico de drogas y otros crímenes. Otra cuestión es cómo puede y debe afrontar la justicia de cualquier país los rincones oscuros de Internet, la denominada Deepnet (Internet profundo), y hasta dónde puede llegar un Gobierno en su labor vigilante de red.
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