A todos nos pasa: el mismo teléfono que funcionaba como un rayo cuando lo compramos es ahora trágicamente lento. Esto ocurre porque al pasar del tiempo el móvil se va llenado de “cosas”. Solo el hecho de ser nuevo y, por ende, venir casi vacío de fábrica ya lo hace funcionar más rápido. Hay pocas aplicaciones instaladas, mucho espacio libre y apenas archivos en su interior.

La propia memoria interna del teléfono necesita de suficiente espacio libre para funcionar a pleno rendimiento. Por eso, un modo clásico de “rejuvenecer” un móvil es restaurarlo de fábrica. Borrón y cuenta nueva. Una técnica que es eficaz hasta cierto punto, porque si vuelves a instalar todas las apps que tenías, lo más seguro es que el teléfono siga igual de lento.
Otra realidad es que las aplicaciones cada vez que se actualizan son más pesadas porque hacen más cosas que la versión anterior. Para combatir esto siempre podrías instalar versiones más antiguas pero apps como WhatsApp dejan de funcionar si tienes una versión muy antigua. Para rematar, el sistema de los modelos viejos deja de recibir actualizaciones que mejoran la seguridad y el rendimiento.
Por último, otro factor que influye en la degradación de la velocidad de tu equipo es el envejecimiento de los componentes. Aunque en algunos el desgaste sea mínimo, en la batería por ejemplo el deterioro es evidente y su autonomía va decreciendo poco a poco desde el primer día de uso.















