La lápida sobre la tumba tiene solamente un discreto código de barras. Quien se aproxima a la tumba, saca su teléfono, apunta la cámara del móvil al código y lo escanea.
De inmediato tiene acceso a ver en su celular, fotos, videos, y todo lo que es posible almacenar digitalmente sobre la persona fallecida. Surgido en un cementerio de Filadelfia, en la costa este de Estados Unidos, la novedad ha comenzado a expandirse en otras necrópolis, donde la gente ahora cuando visita a sus muertos, puede desde escuchar la música que era la preferida del desaparecido, leer textos que otros han dedicado durante su visita, hasta dejar a su vez algunas expresiones en el libro de visitas del occiso.
Lo que comenzó como una novedad se ha transformado ya en una rentable empresa en Estados Unidos. “Legados digitales” (digitallegacys.com) se ocupa de organizar y publicar fotos, video y textos asociados al fallecido en un sitio de Internet protegido. Después del sepelio los familiares del occiso reciben una plaquita de bronce con el código QR para adherirlo a la tumba.
La placa cuyo precio de unos 150 dólares. Para los desarrolladores del sistema “se trata de una forma mucho más alegre de recordar” a los difuntos, ya que al visitar la tumba tienen una serie de elementos fotográficos y auditivos que reviven de algún modo la presencia de los seres queridos que han dejado este mundo.















