La seguridad de los dispositivos conectados vive un momento crítico. En el último año, se registran 1.700 millones de intentos de ciberataques contra equipos del Internet de las Cosas (IoT) en todo el mundo. Detrás de esta escalada, figura una nueva variante del botnet Mirai, una amenaza activa que compromete la integridad de sistemas domésticos, industriales y empresariales.

Un blanco fácil: los dispositivos IoT
Los dispositivos IoT están cada vez más presentes en hogares, oficinas y fábricas. Desde cámaras de vigilancia hasta termostatos, pasando por asistentes virtuales y cerraduras inteligentes, todos comparten una característica: la conexión constante a internet. Sin embargo, esa ventaja técnica también representa un riesgo. Muchos de estos equipos no cuentan con sistemas de seguridad robustos o actualizaciones frecuentes.
Según análisis del equipo de Investigación Global y Análisis (GReAT) de Kaspersky, más de 858.000 dispositivos comprometidos en 2024 sirvieron de punto de partida para una oleada global de ciberataques. El objetivo: infectar otros dispositivos, recopilar información, lanzar ataques distribuidos o simplemente interrumpir servicios críticos.
Mirai, una amenaza que evoluciona
El botnet Mirai no es nuevo. Se conoce desde 2016, cuando protagonizó uno de los mayores ataques DDoS registrados hasta la fecha. Lo que lo hace particularmente peligroso es que su código fuente fue publicado libremente en internet. Desde entonces, distintas variantes han aparecido, adaptadas por grupos de cibercriminales con diferentes objetivos.
En 2024, Kaspersky identificó una nueva versión activa de Mirai. Esta se enfoca en dispositivos con sistemas operativos basados en Linux, muy comunes en el entorno IoT. El objetivo principal: grabadoras de video digitales (DVRs), equipos utilizados en sistemas de videovigilancia. Al comprometer estos aparatos, los atacantes ganan acceso a redes enteras.
Los DVRs infectados se convierten en parte de una botnet. Esto permite a los atacantes ejecutar operaciones automatizadas a gran escala, como ataques DDoS o propagación de malware. Además, las nuevas variantes de Mirai incorporan técnicas avanzadas para eludir la detección, evitando entornos de análisis como máquinas virtuales o emuladores.
El rol de los honeypots en la detección
Para analizar el comportamiento de estas amenazas, los expertos de Kaspersky utilizan honeypots, también conocidos como trampas digitales. Son dispositivos diseñados para simular sistemas reales y atraer ataques. Gracias a esta estrategia, los investigadores pueden estudiar en tiempo real las técnicas utilizadas por los ciberdelincuentes.
Con esta metodología, identificaron cómo los atacantes explotan fallas conocidas en el firmware de los DVRs. Una vez dentro del sistema, instalan un bot que transforma el dispositivo en parte de una red maliciosa. Este enfoque permite coordinar ataques desde cientos o miles de puntos diferentes, aumentando su impacto.
Países más afectados y superficie de ataque
Los datos recabados muestran una alta concentración de dispositivos infectados en Brasil, China, Egipto, India, Turquía y Rusia. No se trata solo de volumen de dispositivos, sino también de configuraciones débiles o firmware desactualizado, que facilitan la tarea a los atacantes.
Los ciberdelincuentes aprovechan estas vulnerabilidades para escanear internet en busca de nuevos objetivos. Solo en fuentes públicas, los investigadores detectaron más de 50.000 DVRs expuestos, sin protección adecuada. Esta amplia superficie de ataque multiplica las posibilidades de infección.
Además, al comprometer un DVR, los atacantes pueden acceder a redes internas más amplias. Esto permite lanzar ataques dirigidos a servidores, robar información confidencial o interrumpir servicios clave en organizaciones públicas y privadas.
Un riesgo silencioso pero persistente
Una característica preocupante de esta nueva ola de ataques es su sigilo. Las variantes recientes de Mirai incluyen mecanismos que impiden su detección por parte de herramientas tradicionales de análisis. Esto les permite permanecer más tiempo dentro de los dispositivos, operando sin levantar sospechas.
En muchos casos, los usuarios no notan que su equipo está comprometido. El dispositivo sigue funcionando, pero al mismo tiempo participa en campañas de ataques masivos, lo que contribuye a la escalada global de incidentes de ciberseguridad.
Los ataques de denegación de servicio (DDoS) son especialmente destructivos. Al saturar un sistema con tráfico proveniente de miles de dispositivos comprometidos, pueden dejar fuera de línea servicios bancarios, portales gubernamentales o plataformas de comunicación empresarial.
Cómo proteger los dispositivos conectados
Aunque los ciberataques a IoT es real y creciente, existen medidas concretas para reducir el riesgo. La primera es cambiar las contraseñas predeterminadas. Muchos dispositivos IoT vienen con credenciales básicas que los usuarios no modifican, facilitando el acceso no autorizado.
También es clave mantener el firmware actualizado. Los fabricantes suelen lanzar parches de seguridad para corregir vulnerabilidades, pero estos deben instalarse manualmente en muchos casos. Otro paso importante es desactivar el acceso remoto si no es necesario. Si se requiere acceso externo, es mejor utilizar redes privadas virtuales (VPN) para asegurar la conexión.
A nivel de red, es recomendable segmentar los dispositivos IoT. Separarlos del resto de la red corporativa o doméstica limita el alcance de un posible ataque. Además, monitorear el tráfico puede ayudar a detectar comportamientos inusuales, como un aumento repentino en las comunicaciones salientes, indicio de una posible infección.
Ciberataques a IoT: una amenaza en constante evolución
La expansión del Internet de las Cosas continuará. Cada año, millones de dispositivos nuevos se conectan a la red. Pero si esta conectividad no va acompañada de medidas de seguridad adecuadas, también aumentan las oportunidades para los atacantes.
La evolución del botnet Mirai demuestra que las amenazas no desaparecen, solo cambian de forma. Aunque se conocen sus métodos desde hace años, su capacidad de adaptación mantiene a los expertos en alerta constante.
Frente a este panorama, la prevención es clave. Fabricantes, empresas y usuarios deben adoptar una postura proactiva en materia de ciberseguridad. Solo así será posible frenar la escalada de ciberataques a IoT y proteger los dispositivos que forman parte esencial de la vida digital actual.















