Enfermedades que suenan a antiguo como la polio, el sarampión, la rubeola, la viruela o la difteria, que causaron estragos en la generación de nuestros abuelos y empezaron a erradicarse a finales del siglo XVIII gracias a la acción de las vacunas, han vuelto a emerger en los países desarrollados como consecuencia de la caída de las tasas de vacunación y la libre circulación de personas entre países. La muerte por difteria de un menor que no había sido vacunado en Olot (Gerona) reavivó, en 2015, la alarma sobre la amenaza que representan estas enfermedades que después de años de desaparecer del mapa epidemiológico europeo reaparecen como espada de Damocles sobre nuestras cabezas.

El reciente brote de rubeola detectado en un matadero de Zuera, en Zaragoza, con 12 afectados ha vuelto a avivar la polémica. A la reaparición de estas dolencias «fantasma», que en algunos países como Francia e Italia han causado estragos debido al descenso del nivel de inmunización de la población, se suma también el repunte de algunas enfermedades infecciosas como la tuberculosis o el sida, y otras de transmisión sexual como la sífilis o la gonorrea fruto de la falta de profilaxis o las conductas de riesgo.
Después de años en el olvido, estas enfermedades «fantasma» han vuelto a resurgir a causa de la acción de los movimientos antivacunas, la relajación en la vacunación y el aumento de la circulación de personas entre países. «La inmigración y el turismo han hecho que los virus y las bacterías que causan estas enfermedades, durante años olvidadas, circulen más entre países, aunque es importante señalar que esa mayor circulación de virus no supone en sí una amenaza si la población en la que se instala está vacunada», señala en declaraciones a ABC el epidemiólogo del Hospital Clínic de Barcelona, Antoni Trilla.
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