Primero las debilitan y después las atacan donde ”más le duele”, en su ADN: esta es la estrategia en dos pasos que han diseñado investigadores del MIT para combatir con nanopartículas las células cancerígenas.
Hasta ahora, este tipo de técnicas experimentales solo liberaban un medicamento o, a lo sumo, varios al mismo tiempo, como ocurre también en los tratamientos de quimioterapia convencionales. La novedad estriba en administrar en tiempos diferentes los compuestos anticancerígenos y multiplicar así su eficacia.
















