Son millones de páginas, en su mayoría de la CIA y el FBI, que si se permite su difusión completa van a ahondar la reconstrucción del magnicidio que hizo temblar al mundo. Pero que también alimentaran las teorías conspirativas que desde el primer momento han rodeado este caso. Guardados en los Archivos Nacionales, los documentos están listos para su salida.
Desde hace meses un equipo de expertos con autorización especial ha estado trabajando por si finalmente se aprobaba su difusión. Entre los papeles que más interés despertarán figuran los informes sobre el enigmático viaje del asesino Lee Harvey Oswald a México antes del magnicidio.
En una extraña pirueta, Oswald, un antiguo y desequilibrado marine, cruzó la frontera sur el 26 de septiembre de 1963. Su meta era conseguir un visado con destino final a la Unión Soviética. Acudió para ello a las embajadas cubana y rusa, donde mostró su afinidad a la causa comunista. La desconfianza que despertó en los funcionarios y su incapacidad para un diálogo normal, según los informes de la época, echaron por tierra sus pretensiones. El 3 de octubre regresó a Estados Unidos. Pero su entrada en las legaciones diplomáticas de las potencias enemigas no pasó inadvertida por los servicios de inteligencia americanos. Y supuestamente quedó registrada en informes que ahora verán la luz.
Otros documentos, como ha recordado el especialista Philip Shenon, dejarán expuestos con nombre y apellidos a fuentes oficiales, políticos e incluso agencias de espionaje extranjeras que en su día prestaron ayuda a cambio de anonimato. Este punto puede limitar la difusión de algunos informes o reducir su publicación a una forma censurada. El propio Trump en su anuncio por Twitter deja la puerta abierta a ciertas restricciones.
















