Internet, en su forma más física y terrenal, es una maraña de cables de fibra óptica que atraviesa el Primer Mundo. El periodista estadounidense Andrew Blum lanzó hace poco tiempo el libro ‘Tubes, A Journey to the Center of The Internet‘ (Tubos, un viaje al centro de Internet), en el que cuenta el resultado de una exploración en la infraestructura física de la que depende la existencia misma de la Red: centros de datos escondidos en medio de la nada, edificios viejos y polvorientos que funcionan como centrales de redes y cables que de vez en cuando se rompen o son mordidos por ratones.
Aunque la red parece estar en todas partes -en casas, oficinas, bolsillos y demás-, su infraestructura física crítica está en unos pocos lugares. Como le dijo Blum a BBC Mundo, “piensas en la Internet como algo disperso, amorfo, pero el hecho es que los centros están muy definidos“: ciudades como Londres, Nueva York, Ámsterdam y Tokio.














