América Latina enfrenta un escenario alarmante en materia de ciberseguridad. En los últimos 12 meses, entre agosto de 2024 y junio de 2025, se registran más de 1,1 millones de intentos de ataque con ransomware, un promedio de 2 ataques por minuto, según el informe Panorama de Amenazas de Kaspersky 2025. Aunque la cifra representa una reducción del 7% respecto al año anterior, el volumen sigue siendo muy alto. Las consecuencias financieras, operativas y reputacionales acechan a diario a empresas, gobiernos e instituciones de salud.

Dónde ocurren los ataques
Brasil encabeza la lista con 549 mil intentos, seguida de México con 237 mil, Chile (43 mil), Ecuador (37 mil) y Colombia (35 mil). Estos cinco países concentran la mayoría de las amenazas en la región.
El informe señala que, salvo Brasil —que experimenta un aumento del 12%—, la mayoría de los países latinoamericanos muestra una disminución en los incidentes.
La caída se atribuye al debilitamiento de una de las redes más activas: el grupo Phobos. En una operación policial internacional se incautaron más de 100 servidores vinculados con esa red, lo que permitió desmantelar parte de su infraestructura operativa.
Phobos representaba una de las cinco familias de ransomware más frecuentes en América Latina y llegó a afectar al 4,44% de las organizaciones de la región.
Sin embargo, el debilitamiento de Phobos no implica la desaparición de la amenaza. Otras familias y actores organizados siguen activos, diversificando métodos y tácticas.
Riesgos más allá del robo de datos
Los daños de un ataque de ransomware van mucho más allá del cifrado de archivos. En muchos casos, las organizaciones sufren una doble extorsión: los atacantes filtran información sensible y amenazan con hacerla pública si no se paga el rescate.
Empresas centenarias han cerrado por ataques que demandaban sumas millonarias. Instituciones de salud han colapsado al ver comprometida la confidencialidad de historiales médicos o datos de pacientes. Organismos de gobierno, compañías de infraestructura crítica, bases de datos públicas y empresas mixtas también son objetivos frecuentes. Todos operan con grandes volúmenes de datos, lo que amplifica el impacto de un incidente.
Fabio Assolini, director del Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky para América Latina, advierte: “No debemos interpretar cualquier disminución en los ataques como un alivio, sino como una advertencia para reforzar la prevención ante las tácticas cada vez más sofisticadas de los cibercriminales”.
Factores que facilitan los ataques
Aunque el número total de ataques baja, los ciberdelincuentes perfeccionan sus técnicas. Algunas tendencias preocupantes incluyen el aprovechamiento de vulnerabilidades de día cero en software no actualizado, la demora en la instalación de parches críticos y el auge del phishing impulsado por inteligencia artificial, que genera mensajes cada vez más creíbles y personalizados.
También crecen los riesgos en entornos donde se implementan políticas de trabajo remoto o se usan dispositivos personales conectados a redes corporativas. Las redes de dispositivos IoT y la falta de segmentación adecuada abren nuevas puertas para el ingreso de atacantes.
Además, los ciberdelincuentes ya priorizan sus objetivos según el valor de los datos o la importancia del sector. Las infraestructuras críticas, los servicios de salud y las instituciones financieras están entre los blancos más rentables.
Recomendaciones para prevenir ransomware
Kaspersky propone una serie de prácticas básicas, pero fundamentales, para reducir riesgos:
- Mantener todos los sistemas actualizados, desde computadoras y servidores hasta dispositivos móviles.
- Restringir la circulación de datos sensibles: no compartir información sin autorización, usar solo canales oficiales y reportar actividades sospechosas.
- Realizar copias de seguridad (backups) externas, fuera de línea, cifradas y protegidas con contraseñas.
- Activar la protección contra ransomware en todos los dispositivos de la organización.
- Implementar soluciones de ciberseguridad avanzada como anti-APT (para detectar ataques sofisticados) y EDR (para monitoreo, investigación y bloqueo de amenazas).
Estas medidas fortalecen la capacidad de detectar ataques tempranamente y permiten recuperarse sin pagar rescates.
Un respiro que no debe confundir
Una caída porcentual no equivale a un riesgo bajo. Los ataques continúan, y cada minuto se registran dos nuevos intentos en América Latina.
Además, los atacantes migran hacia métodos más sigilosos y dirigidos, lo que exige una defensa proactiva, no reactiva. La capacitación del personal es esencial: muchos incidentes surgen por errores humanos, como abrir correos maliciosos o usar contraseñas débiles. Simulaciones de phishing y entrenamientos regulares ayudan a reducir la superficie de ataque.
Cada vez más empresas de la región incorporan auditorías periódicas, monitoreo constante y planes de respuesta, pero la brecha sigue abierta. Es urgente que gobiernos, organismos reguladores y compañías, grandes o pequeñas, coordinen esfuerzos para elevar el nivel de protección.
La reducción de los ataques de ransomware no debe verse como una señal de tranquilidad, sino como una pausa estratégica antes de la próxima ola. La ciberseguridad en América Latina depende, más que nunca, de la prevención continua y de una cultura sólida de protección digital.















