Servidores heredados, cuentas inactivas y repositorios en la nube abandonados se convierten en una amenaza silenciosa para las empresas. Kaspersky advierte que estos datos olvidados amplían la superficie de ataque y exponen a las organizaciones a riesgos cibernéticos y regulatorios cada vez más complejos. La acumulación de activos digitales fuera del radar no es un fenómeno nuevo. Pero en 2026 adquiere mayor relevancia por el aumento de ataques automatizados y el endurecimiento de las normativas de protección de datos en distintas regiones del mundo. Lo que antes era un descuido técnico hoy puede transformarse en una brecha crítica de seguridad.

Infraestructura invisible que sigue conectada
Muchas empresas mantienen dentro de su red sistemas que ya no forman parte de la operación diaria. Servidores físicos y virtuales que quedan activos tras migraciones a la nube. Aplicaciones que sobreviven después de fusiones o adquisiciones. Proyectos de TI que concluyen, datos olvidados pero cuya infraestructura no se desmantela correctamente.
Estos activos permanecen conectados. En muchos casos no reciben actualizaciones. No cuentan con monitoreo constante. Tampoco tienen controles de acceso revisados. Se transforman en una “infraestructura invisible” que opera fuera de los modelos formales de gobernanza.
El software heredado suele depender de librerías antiguas. Mantiene vulnerabilidades sin corregir durante años. Cada dependencia obsoleta representa una posible puerta de entrada para atacantes que buscan explotar fallas conocidas.
La organización Let’s Encrypt aporta un dato que dimensiona el problema. En 2024, cerca del 50% de las solicitudes de renovación de certificados provinieron de dispositivos que ya no estaban vinculados a los dominios correspondientes. Esta situación contribuye a un universo estimado de aproximadamente un millón de dispositivos olvidados que aún permanecen conectados a la red global.
Ese volumen demuestra que el fenómeno no es marginal. Es estructural.
Riesgo operativo y regulatorio de los datos olvidados
El problema no se limita a la ciberseguridad técnica. También afecta el cumplimiento normativo. Los marcos regulatorios de protección de datos personales exigen control sobre la información almacenada y procesada. Si existen repositorios abandonados con datos sensibles, la organización asume un riesgo legal directo.
Claudio Martinelli, director general para las Américas en Kaspersky, explica el impacto: “Cuando los activos dejan de ser visibles para los equipos de seguridad y TI, comienzan a operar fuera de los modelos de gobernanza de la organización. Además de aumentar los riesgos cibernéticos, estos elementos consumen recursos técnicos y financieros que podrían destinarse a iniciativas estratégicas, impactando directamente en la eficiencia, el cumplimiento y la planificación a largo plazo”.
El costo también es operativo. Infraestructura olvidada implica consumo de energía, licencias activas, almacenamiento innecesario y tiempo del personal técnico. La organización paga por recursos que no aportan valor y que, además, incrementan el riesgo.
Falta de madurez y enfoque reactivo
El CISO Survey de Kaspersky, aplicado a 300 líderes de ciberseguridad en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, revela debilidades estructurales en la región.
El 56% de los encuestados afirma no contar con un calendario regular de evaluaciones de riesgo. Las revisiones se realizan solo después de un incidente o cuando una noticia en medios genera preocupación. Este enfoque reactivo dificulta la identificación temprana de activos desatendidos.
Otro dato relevante: 53% de los equipos de seguridad compila inteligencia de amenazas de forma manual. Se trata de un proceso lento y propenso a errores. En redes complejas, con múltiples sedes y entornos híbridos, el seguimiento manual de activos antiguos resulta prácticamente inviable.
La combinación de falta de evaluaciones periódicas y dependencia de procesos manuales crea el escenario ideal para que servidores con datos olvidados y cuentas inactivas permanezcan activos durante años.
Automatización y descubrimiento continuo
Frente a este panorama, Kaspersky recomienda abandonar el enfoque reactivo y avanzar hacia un modelo proactivo de resiliencia digital.
Uno de los pilares es la automatización. Los procesos automatizados de Descubrimiento y Reconciliación de Activos, conocidos como AD&R, permiten identificar sistemas en conflicto, accesos indebidos e información desactualizada antes de que se conviertan en objetivos de ataque.
El descubrimiento continuo facilita la visibilidad total del inventario tecnológico. Permite detectar activos que no aparecen en registros oficiales. También ayuda a cruzar información entre distintas bases de datos internas para identificar inconsistencias.
La higiene digital se convierte así en una práctica estratégica. No se trata solo de instalar parches. Implica revisar, clasificar y depurar activos de manera sistemática.
Políticas claras para descontinuar sistemas
Otra recomendación clave es establecer políticas formales para la descontinuación de servidores y aplicaciones. El apagado de un sistema no debe limitarse a desconectarlo. Debe incluir la destrucción comprobada de los datos almacenados antes del retiro del hardware.
Sin un procedimiento claro, la empresa puede dejar información sensible en dispositivos que luego se reutilizan, se almacenan sin control o incluso se descartan sin medidas adecuadas.
La gestión del ciclo de vida de los activos tecnológicos debe integrarse en la estrategia corporativa. Desde la adquisición hasta la retirada final, cada etapa requiere controles definidos.
Gestión de identidades como barrera crítica
Las cuentas inactivas representan otra puerta de entrada frecuente. Empleados desvinculados o proveedores que ya no prestan servicios pueden mantener accesos activos durante meses si no existe coordinación entre recursos humanos y el área de TI.
Kaspersky subraya la importancia de integrar soluciones de Gestión de Identidad y Acceso (IAM) con los procesos de recursos humanos. Esta integración permite revocar de forma inmediata las credenciales cuando una persona deja la organización.
La automatización en IAM reduce la dependencia de avisos manuales y minimiza el riesgo de errores humanos. Cada cuenta activa innecesaria amplía la superficie de ataque.
Un reto estratégico para 2026
En un contexto de amenazas cada vez más sofisticadas y automatizadas, los activos olvidados se convierten en el eslabón más débil de la cadena de seguridad. No generan titulares hasta que ocurre un incidente. Pero permanecen latentes.
La protección efectiva de datos en 2026 exige visibilidad completa, procesos automatizados y gobernanza sólida. La resiliencia digital no depende solo de nuevas herramientas. Depende de la disciplina operativa para mantener bajo control todo lo que permanece conectado.
Las empresas que no revisan su infraestructura invisible asumen un riesgo creciente. Las que adoptan un enfoque proactivo transforman la higiene digital en una ventaja competitiva.
El desafío no está únicamente en defender lo visible. Está en descubrir y gestionar lo que quedó atrás.
Para obtener más información, visita la página de Kaspersky y descarga el informe de la encuesta CISO 2025.















