Esta semana decenas de personas comparecían ante un tribunal de Estados Unidos para declarar contra el doctor Farid Fata. Llegaban temblorosas, apoyadas en bastones, algunos con las articulaciones vendadas, y casi todas exhaustas por el desgaste físico y psicológico propio de años de quimioterapia.
Allí revelaron una verdad terrorífica: su oncólogo les había mentido, nunca tuvieron cáncer.Es fácil adivinar su sufrimiento. Cuando una persona es diagnosticada de cáncer, sabe que se enfrenta a una enfermedad que carga con el estigma de ser una de las principales causas de mortalidad del mundo.
Lo otro es someterse a un tratamiento agotador con numerosos efectos secundarios.
Bien, pues al menos 553 personas se sometieron a ese doble sufrimiento sin padecer la enfermedad, según consta en la querella criminal presentada por el FBI contra Fata.
















