Si todo va según lo previsto, millones de inversionistas recurrirán a las redes sociales para consultar los informes trimestrales de ganancias, anuncios de adquisición, y otra información.
No obstante, si un estafador “hackea” la cuenta de Twitter de una compañía y publica un falso aviso de que las ventas han alcanzado un máximo histórico. Los títulos bursátiles de la compañía se disparan y luego se desploman poco después de que los inversionistas se dan cuenta de que la noticia no era más que un ardid para manipular el precio de las acciones.













