Los fuegos artificiales de la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de PyeongChang pusieron el punto y final ayer, 25 de febrero, a una cita deportiva marcada por el ataque informático sufrido durante la ceremonia inaugural. Un hackeo más complejo de lo que se pensó inicialmente que hasta el pasado fin de semana no parecía tener un culpable claro.
Según una información de The Washington Post, en la que se cita a la inteligencia estadounidense, «espías militares rusos hackearon varios centenares de computadoras usadas por las autoridades en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 en Corea del Sur». Lo hicieron, además, «tratando de que pareciera que la intrusión fue conducida por Corea del Norte, lo que se conoce como una operación de ‘falsa bandera'».
The Washington Post, citando a funcionarios anónimos de la inteligencia estadounidense, dice que el Departamento Central de Inteligencia de Rusia (GRU) obtuvo acceso a unos tres centenares de computadoras, hackeó enrutadores y distribuyó programas maliciosos antes y durante la ceremonia inaugural. De ahí que las conexiones a internet se resintieran e incluso los servidores tuviesen que ser apagados temporalmente.
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