En América Latina las fake news sí funcionan. La confianza ciega en la información que circula en Internet sigue exponiendo a millones de personas a riesgos cada vez más sofisticados. A pesar de los avances en materia de alfabetización digital, un 45% de los usuarios en la región aún no sabe reconocer una noticia falsa, según un nuevo estudio de Kaspersky y la consultora CORPA.

Este dato, aunque muestra una mejora respecto al 2020, cuando 70% de los encuestados no distinguía una fake news de una real, sigue siendo preocupante. En un entorno donde la información fluye a gran velocidad y las tecnologías de manipulación audiovisual se vuelven más accesibles, la desinformación ya no es solo un problema informativo, sino una amenaza real para la vida personal, laboral y financiera de los internautas.
Más del 90% se topa con fake news, y muchos no saben qué son
La encuesta revela que un abrumador 94% de los latinoamericanos ha estado expuesto a una noticia falsa en el último año. Aún más alarmante es que uno de cada cinco en América Latina desconoce completamente el término “fake news”. Esto indica que gran parte de la población podría estar expuesta a engaños sin siquiera saberlo.
Los riesgos no se limitan a la percepción errónea de la realidad. Las noticias falsas son cada vez más utilizadas como vehículos para ataques digitales. Desde estafas bancarias hasta campañas de difamación contra personas o instituciones, el impacto de estas estrategias puede ser devastador.
Mujeres y jóvenes, entre los más afectados
El estudio también destaca diferencias demográficas importantes. Las mujeres superan a los hombres en cuanto a desconocimiento para detectar noticias falsas: 49% frente a 42%. Por otro lado, los jóvenes entre 25 y 34 años son el grupo más expuesto al contenido falso, con un preocupante 80% de incidencia.
Esto sugiere que la desinformación no discrimina por género ni edad, pero sí se comporta de manera diferente según el perfil del usuario. Las redes sociales y plataformas digitales —principales fuentes de información para los más jóvenes— amplifican el problema al permitir que estos contenidos circulen sin filtros ni verificaciones.
Las fake news ya no son bromas inocentes
Solo un 9% de los encuestados cree que las noticias falsas son inofensivas o sirven únicamente para bromear. La mayoría considera que son nocivas y reconoce su potencial para causar daño. Un 19% cree que se crean con el objetivo explícito de perjudicar a una persona u organización, mientras que un 18% afirma que pueden llegar a causar caos social.
Estos datos confirman que la mayoría de la población es consciente del impacto que la desinformación puede tener. Sin embargo, saber que existen no equivale a estar protegido. La diferencia la hace el conocimiento para identificarla y actuar en consecuencia.
La inteligencia artificial complica aún más el panorama
Uno de los elementos que agrava la situación es el uso creciente de inteligencia artificial para generar contenido falso. Audios, imágenes y videos manipulados con IA pueden parecer tan reales que incluso los usuarios más cautos caen en la trampa.
La combinación de noticias falsas y deepfakes genera un entorno de confusión digital constante. Además, muchas campañas de phishing y otros tipos de ciberataques ahora imitan el formato de una noticia falsa para engañar a sus víctimas. Así, los ciberdelincuentes aprovechan la falta de verificación para robar datos personales, estafar financieramente o incluso comprometer la seguridad de empresas enteras.
Educación digital: el mejor antídoto
Aunque el panorama es preocupante, existen formas concretas de mitigar los efectos de la desinformación. Kaspersky resalta la importancia de fomentar el pensamiento crítico y la verificación de la información como herramientas fundamentales para una navegación más segura.
Los usuarios pueden empezar con medidas sencillas pero efectivas, como:
- Consultar siempre fuentes confiables y medios reconocidos.
- Verificar que la noticia se difunda en más de un portal creíble.
- Analizar si el contenido incluye datos verificables como fechas, estadísticas o citas de expertos.
- Sospechar de titulares sensacionalistas o historias demasiado increíbles para ser ciertas.
- Comprobar si el sitio web tiene una reputación satírica o paródica antes de compartir contenido dudoso.
Además, mantener actualizados los navegadores, sistemas operativos y antivirus es clave para reducir vulnerabilidades. Soluciones como Kaspersky Premium permiten detectar sitios web peligrosos, advertir sobre intentos de fraude y proteger la información personal almacenada en los dispositivos.
Cultura digital y responsabilidad individual
A medida que la tecnología evoluciona, también deben hacerlo los hábitos digitales. La alfabetización mediática ya no es un lujo, sino una necesidad urgente. Cada usuario tiene una responsabilidad activa: no compartir contenido sin verificar, educarse sobre cómo funcionan las campañas de desinformación y ayudar a su entorno a hacer lo mismo.
En la era digital, donde los límites entre verdad y mentira se diluyen fácilmente, el escepticismo informado es una defensa fundamental. Dejar de creer ciegamente en lo que circula por Internet no es una cuestión de paranoia, sino de supervivencia digital.
Navegar con criterio: una tarea pendiente
A pesar de los avances en el reconocimiento del problema, queda claro que la región aún tiene un largo camino por recorrer en materia de cultura digital. La exposición masiva a contenidos falsos, la falta de herramientas para detectarlos y el aprovechamiento criminal de esta vulnerabilidad, crean un entorno de riesgo constante.
Frente a este panorama de las fake news en América Latina, informarse con responsabilidad, aprender a cuestionar lo que se consume en línea y adoptar medidas básicas de ciberseguridad ya no es opcional. En un ecosistema digital en el que las fake news pueden arruinar una reputación o vaciar una cuenta bancaria, cada clic cuenta.
El verdadero desafío no es eliminar las noticias falsas, algo casi imposible en un mundo hiperconectado, sino lograr que cada vez más personas sepan identificarlas y se nieguen a ser parte de su cadena de difusión. Porque, al final, la desinformación no se combate solo con tecnología, sino con educación, conciencia y criterio.















