El cortometraje, que fue realizado con la técnica de ‘slow-motion’, dura aproximadamente un minuto y medio y está compuesto por 242 fotogramas. Cada uno de sus cuadros mide tan solo 45 por 25 nanómetros, lo que equivale ni más ni menos que a la milmillonésima parte de un metro. «Es la primera vez que se manipula algo tan pequeño para explicar una historia», explicó Andreas Heinrich, investigador jefe del proyecto.
Las imágenes fueron tomadas a través de una potente herramienta que les permitió mover miles de moléculas de monóxido de carbono y crear una película que solamente puede verse si se amplía unos 100 millones de veces. En ella, aparece un niño jugando a la pelota, bailando y saltando en una especie de trampolín.













