A finales de 2012, la industria tecnológica miraba con estupor hacia Hewlett-Packard y una de sus adquisiciones multimillonarias.
Y es que en esas fechas la firma que dirige Meg Whitman se vio obligada a reportar unas pérdidas por valor de 12.650 millones de dólares, proviniendo 8.880 millones de las irregularidades encontradas en la contabilidad de Autonomy.
El varapalo no era sólo financiero, sino también estratégico, ya que Autonomy se había posicionado como la gran apuesta de HP para liderar en servicios y soluciones.















