Un equipo de ingenieros de la Universidad de Stanford EEUU ha desarrollado un dispositivo para consolas que podría revolucionar los videojuegos del futuro: un mando que mide la funciones fisiológicas de los jugadores y altera el modo de juego para tener una experiencia más interesante.
Básicamente, el dispositivo mide la actividad cerebral del jugador y si detecta que éste está aburriéndose, modifica el juego haciéndolo más complicado para despertar el interés del jugador y hacer que el nuevo reto se convierta en divertido.















