Los terremotos son amenazas naturales, igual que los huracanes, pero en este caso, impredecibles con exactitud. Tras golpear una ciudad y desplomar edificaciones, comienza la labor de los rescatistas que contra reloj buscan sobrevivientes entre los escombros. A estos valiente héroes, en un futuro cercano, la robótica les tenderá una mano, bueno, mejor dicho, un tentáculo.
Científicos de la Universidad de Stanford han desarrollado un robot tentáculo capaz de aumentar hasta en 25 mil veces su tamaño original. El sistema tiene la capacidad de infiltrarse por los lugares más estrechos sin romperse, tomando la decisión de ir por la dirección más conveniente y retransmitiendo las imágenes de lo que encuentra a su paso. El robot está inspirado en el crecimiento de los hongos, pero en este caso su capacidad motora radica en un sistema de inflado. Aunque a priori pueda parecer un sistema mecánico, la robótica radica en la facultad de tomar decisiones sobre hacia donde debe dirigirse.
Funciona gracias a unos sensores y a una cámara integrada en el cuerpo que se alarga a medida que el material se extiende zigzagueando desde el extremo, mientras que el resto del cuerpo ya no se mueve. En el primer prototipo, el material era un plástico muy delgado, pero en versiones más recientes, el tentáculo es más resistente y crece mediante la presurización por fluidos. En el rescate de personas sepultadas durante un derrumbe el robot tentáculo supone una ayuda para localizar a los desaparecidos. Además estudian como bombear agua para saciar del la sed del atrapado mientras se actúa o planea su salvamento.
















