El primer tren bala de América del Sur, con tecnología china, que llevaría progreso a zonas rurales de Venezuela, ahora ha quedado prácticamente abandonado y ha pasado a simbolizar el colapso de la economía y de una relación estratégica.
En el sitio donde alguna vez hubo decenas de edificios modernos, ahora pasta el ganado, junto a una fábrica que ha sido desmantelada y saqueada. Un cartel rojo en forma de arco, con inscripciones en chino y en español, es todo lo que queda de lo que hasta hace 16 meses fue un activo complejo con 800 empleados.
Hace una década el entonces presidente Hugo Chávez pensó que un ferrocarril entre Tinaco y Anaco ayudaría a poblar esa llanura y atraería proyectos de desarrollo de las zonas costeras. Pero el plazo para completar el proyecto venció hace 4 años sin que las obras hayan sido terminadas y ya casi no se trabaja en la iniciativa. La debacle se aceleró a principios del año pasado, cuando los directores chinos del proyecto se fueron calladamente.
Como ocurre con prácticamente todos los proyectos de trasfondo político que no se concretaron en Venezuela y se han convertido en «elefantes rojos», según los detractores del gobierno, la infraestructura derruida contrasta con el promisorio despegue de la iniciativa.



















