Vimeo, la plataforma para realizar, subir y compartir vídeos originales repartió el jueves en Nueva York sus premios. Trece categorías, de la publicidad a la narrativa. El escenario, concebido por el estudio londinense Seeper como una escultura en 3D con distintas pantallas interconectadas y un trillón de píxeles, se convirtió por momentos en una fiesta improvisada gracias a la humorística presencia de los oficiantes de la ceremonia: Beardyman y Reggie Watts, que incluso escenificaron una guerra de beatboxing o sonidos elaborados a partir de la voz. “Esto es el principio del final. O el final del principio. No está muy claro”, bromeaba Watts disfrazado de científico atolondrado.La tercera generación de Internet ha dejado atrás el complejo geek o empollón digital para lucir su lado más molón. Pudo comprobarse en el festival posterior, celebrado el viernes y el sábado en el Meatpacking neoyorquino, donde la presencia masiva de adictos a esta web revelaba una imagen insólita y fashionista, casi de festival de música. Había una terraza-bar patrocinada por una cerveza, un hall donde una cadena de equipos digitales te permitía probar las cámaras más punteras del mercado y pantallas arengando con mensajes buenrrollistas que cuajaban como: “Chocar esos cinco es contagioso, no te cortes en hacerlo. ¡Además, es gratis!” o «Los miembros de nuestra empresa son amigables. Pregúntales sobre la vida o cualquier otra cosa».
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