El 10 de noviembre Takahiro Shiraishi, un japonés de 27 años, admitía había haber asesinado a las nueve víctimas cuyos cuerpos desmembrados la policía encontró en su apartamento días antes. Se ponía fin así, a falta de juicio final, a un drama que había envuelto la prefectura de Kanagawa y a todo Japón por la continua desaparición de chicas jóvenes. Shiraishi consiguió atraer a sus víctimas buscando hashtags en Twitter relacionados con el suicidio. Las ocho mujeres habían escrito mensajes similares utilizaron Twitter para expresar pensamientos suicidas.
Un hashtag es una etiqueta que los usuarios de la red social pueden añadir a sus mensajes y que permite ver otros mensajes que la contengan. Las víctimas, ocho mujeres y un hombre de entre 15 y 26 años, habían escrito mensajes similares y tras iniciar conversaciones con ellas sobre sus propios pensamientos suicidas según han declarado fuentes de la investigación a medios japoneses. El único varón asesinado se trata del novio de la primera víctima en desaparecer, que parece haber tenido un encontronazo fatal con el asesino días después de la desaparición de su pareja.
Jack Dorsey, director ejecutivo y co-fundador de la red social, comentó el caso en la televisión nacional japonesa NHK durante una visita al país, apenas un par de días después de conocerse los detalles. “Es muy desafortunado, extremadamente triste”. También admitió las dificultades que su plataforma encuentra para eliminar o restringir este tipo de mensajes. “Necesitamos ser responsables para asegurarnos de que nuestra herramienta se utiliza de forma positiva y sana”.
Twitter no permite mensajes que promocionen el suicidio o las autolesiones, pero una rápida búsqueda por las etiquetas #depresión, #suicidio o #ansiedad muestra resultados de usuarios de la plataforma comentando ampliamente sus problemas diarios con este tipo de trastornos mentales, así como también enlaces útiles para conseguir ayuda escritos por otros usuarios de la plataforma.
Quizá Twitter debería tomar un par de apuntes de Google, que muestra el número de líneas de teléfono correspondientes a cada país cuando sus usuarios buscan “suicidio” o términos relacionados. Ni tampoco permite a los anunciantes comprar publicidad centrada en esos términos. No se puede evitar que la gente exprese sentimientos relacionados con sus trastornos mentales en las redes sociales, pero se puede intentar que encuentren un mensaje positivo con estas medidas, e intentar que consigan ayuda profesional.
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