Chiron estrena un monocasco integralmente en fibra de carbono, tan rígido como un LMP1, pero el Chiron sigue siendo 155 kg más pesado que el Veyron. El chasis cuenta ahora con una suspensión adaptativa y una dirección electromecánica, mientras que el conductor tiene a disposición cinco modos de conducción que actúan sobre la gestión de las suspensiones, dirección, motor y aerodinamismo.

En cuanto a la velocidad máxima, el Chiron repite las dos velocidades máximas, en función de la llave utilizada, como en el Veyron. En modo normal, la velocidad máxima es de 380 Km/h, pero si usamos la segunda llave, la velocidad máxima será de 420 km/h.
Para detener semejante misil, equipa discos de frenos carbocerámicos de 420 mm delante y 400 mm detrás con pinzas de 8 pistones, delante, y 6 pistones, detrás. Bugatti anuncia un 100 km/h a 0 en 31,3 metros y un 200 km/h a 0 en 125 metros; para detenerse por completo desde los 300 km/h necesitaría 275 metros.
Después de todo ese despliegue de cifras un tanto absurdas, sólo queda admirar el enorme trabajo de ingeniería que hay detrás del carro y de artesanía al ver el interior. Está versión también va a ser rentable para el grupo Volkswagen. A 2,4 millones de euros la unidad (más impuestos), los analistas estiman que Bugatti ganará con la producción del Chiron un mínimo de 1.200 millones de euros.
Origen: 1.500 CV, 1.600 Nm y 420 km/h. Así es la tarjeta de presentación del Bugatti Chiron.













