Este potente láser se ha bautizado como European XFEL, lo cual corresponde a X-ray Free Electron Laser, un láser de electrones libres. Este tipo de láseres emplea un haz de electrones acelerados que están libres al no estar enlazados a un átomo, moviéndose por un campo magnético, con lo cual comparte las propiedades ópticas de los láseres convencionales (de electrones «no libres») partiendo de un principio físico distinto.
Las instalaciones están en Europa, concretamente en las cercanías de Hamburgo, en un emplazamiento subterráneo a 38 metros de profundidad. Un túnel de unos 3,4 kilómetros de largo en cuya construcción han participado organismos de once países como la Comisión Francesa de Energía Atómica. De hecho, científicos de todo el mundo podrán trabajar en él (siempre que su proyecto se apruebe), según se explicó en el anuncio de su inauguración.
El XFEL puede generar 27.000 pulsos por segundo, 200 veces más que otros láseres según apuntan, de manera que actúa como una cámara de alta velocidad que captura imágenes de átomos individuales en millonésimas de segundo, como describen en The Guardian, pudiendo obtener más capturas por unidad de tiempo de un sistema o reacción. Estas características permitirán que los científicos puedan estudiar desde virus y células hasta planetas y estrellas, explorando la arquitectura de los primeros y recreando las condiciones de los segundos.
Para que el XFEL obtenga la energía necesaria se construyó un acelerador lineal superconductor de casi una milla (1,609 kilómetros), siendo el más largo del mundo (de este tipo). La longitud de onda del rayo X es de 0,05 nanómetros, el cual es disparado hacia la muestra de modo que lo que rebota es recogido por los detectores de alrededor, con lo que se obtienen las imágenes. Todo a una temperatura de 2 grados centígrados.
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