Es un robot alimentado por la inteligencia artificial y sistemas de retroalimentación háptica, lo cual permite que los pilotos humanos tengan una capacidad sin precedentes para explorar las profundidades de los océanos en alta fidelidad.
El concepto de OceanOne nace de la necesidad de estudiar los arrecifes de coral de profundidad en el Mar Rojo, muy por debajo del rango de seguridad de los buceadores humanos. Sin un submarino robótico existente que pueda bucear con la habilidad y el cuidado de un buceador humano, los científicos decidieron concebir OceanOne desde cero, con la idea de un robot-sirena en mente. Tiene aproximadamente cinco pies de largo de punta a punta, su torso incluye una cabeza con visión estereoscópica que muestra al piloto exactamente lo que ve el robot, y dos brazos totalmente articulados. La sección de “cola” alberga las baterías, computadoras y ocho propulsores multidireccionales.
El cuerpo es similar a otros humanoides -terrestres y acuáticos- ya disponibles en el mercado, pero no hay ninguno con unas manos más perfectas que las del OceanOne. Cada muñeca está totalmente articulada y las manos están equipadas con sensores de fuerza que transmiten retroalimentación háptica a los controles del piloto, por lo que el ser humano puede sentir si el robot está agarrando algo de forma firme o si es algo pesado o ligera.
















