Es la más barata, pero no es china; es… española
Lewihe Play está pensada para usuarios con ganas de experimentar en el mundo de la impresión 3D, que es por lo general el tipo de usuario que hoy por hoy pone una de estas máquinas en casa. Aunque hay un enorme potencial en la tecnología de impresión en tres dimensiones y se usa con frecuencia en procesos industriales, los casos de uso práctico para el hogar son todavía limitados. «No existe de momento una necesidad de suplir otro servicio como puede ser el ir a la ferretería a por una pieza en vez de imprimirla en casa», aseguran desde Bilbao Dynamics, una asociación integrada por un grupo de estudiantes de Ingeniería de Telecomunicaciones de la UPV/EHU que elabora talleres educativos de robótica en los que usan estas máquinas. «Pero lo mismo se podía decir hace años de internet. Nadie la tenía y conforme se implementaba, la gente se preguntaba si era necesario. Hoy, internet está en todos los lados y muchos servicios se localizan en la red de redes.
Hay usuarios domésticos que ya han encontrado aplicaciones muy concretas para los que el precio puede ser un factor determinante. El uso de impresoras 3D entre los aficionados a los juegos de miniaturas, por ejemplo, está creciendo, aunque las impresiones todavía no ofrecen el nivel de detalle que puede lograrse en miniaturas de plomo realizadas con moldes artesanales. Las impresoras 3D también están empezando a llegar a las aulas de algunos centros educativos, donde el presupuesto en materiales suele ser muy ajustado.
















