La localización por satélite funciona muy bien a cielo abierto, pero su calidad se degrada en cuanto el usuario entra en una zona de edificios altos. Locata, una compañía australiana, trabaja en el desarrollo de una tecnología que remedia este problema y permitir un posicionamiento urbano mucho más preciso.
Los receptores GPS calculan su posición a partir de las señales que reciben de una red de satélites. Dentro de una ciudad estas señales rebotan entre los edificios, y llegan al dispositivo del usuario con retraso, lo que empeora los resultados o, sencillamente, hace imposible su uso. Locata trabaja en una antena capaz de distinguir los mensajes que llegan rebotados de los que llegan directamente de los satélites, y filtrarlos.















