La región italiana de Puglia se convierte en laboratorio vivo de innovación agrícola con un modelo que integra energía solar y viticultura. La experiencia, conocida como tecnología agrivoltaica, busca responder a los desafíos del cambio climático y al mismo tiempo fortalecer la economía local. La segunda edición del Convivio Agrivoltaico en Santeramo in Colle confirma que la unión entre tecnología fotovoltaica y tradición vitivinícola ya no es un experimento, sino una estrategia en expansión.

Energía y vino en un mismo terreno
La protagonista del encuentro es la Vigna Agrivoltaica di Comunità, un proyecto pionero nacido en 2010 que combina viñedos orgánicos con estructuras solares. En un área de 12 hectáreas, se cultivan unas 40 variedades de uva bajo pérgolas fotovoltaicas que generan casi 1 MW de potencia. Estas instalaciones no solo producen electricidad limpia, también crean un microclima favorable para la vid.
El sistema está inspirado en la tradicional pergola trentina, adaptada ahora con paneles solares. La cobertura protege las plantas de granizo e intensas lluvias, reduce la evaporación y disminuye la necesidad de riego. Con ello se consigue un ahorro de agua en una de las zonas más expuestas a la sequía del sur de Italia. La innovación impacta directamente en la calidad de la uva y, en consecuencia, en el vino que se produce.
La bodega obtiene hoy unas 5.000 botellas al año, pero el objetivo es multiplicar por 24 esa cifra en la próxima década, alcanzando las 120.000 botellas anuales. Una meta que solo será posible gracias a la eficiencia que aporta la tecnología.
Investigación aplicada en el campo
El evento Convivio Agrivoltaico incluyó sesiones prácticas como “A scuola di agrivoltore”, un taller a cielo abierto que mostró configuraciones técnicas, sistemas de monitoreo y criterios de gestión. Los asistentes pudieron observar cómo los sensores recopilan datos de radiación, humedad y temperatura para optimizar el manejo de las vides.
Tras 15 años de ensayos, los resultados indican que el sombreado controlado por paneles fotovoltaicos permite obtener uvas más frescas y con menor grado alcohólico, características cada vez más demandadas en el mercado internacional. La vendimia de 2025 ya confirma estas ventajas con variedades como Traminer, Primitivo y Falanghina, esta última utilizada por primera vez en espumantes de método clásico.
La tecnología agrivoltaica protege frente al clima extremo
Los sistemas agrivoltaicos aportan resiliencia frente a fenómenos meteorológicos que afectan con frecuencia al Mediterráneo. Las pérgolas solares actúan como escudos contra lluvias torrenciales y temperaturas extremas, dos amenazas que pueden arruinar una cosecha en cuestión de horas.
En este contexto, la agricultura deja de ser un sector vulnerable para convertirse en un aliado de la transición energética. Cada hectárea equipada con tecnología agrivoltaica multiplica su valor: produce alimento, genera electricidad renovable y fortalece la biodiversidad al crear microecosistemas más estables.
Comunidad y valor compartido
Uno de los aspectos diferenciales de la Vigna Agrivoltaica es su modelo de propiedad. Más de 30 socios, entre familias, agricultores y pequeñas empresas locales, integran la sociedad agrícola. El proyecto está abierto a nuevas adhesiones, con la meta de consolidar una comunidad que gestione de forma compartida tanto la producción vitivinícola como la energía generada.
Este enfoque responde a una tendencia global: democratizar el acceso a la energía y a los beneficios de la innovación tecnológica. En lugar de concentrar la inversión en grandes compañías, el agrivoltaico comunitario reparte oportunidades en el territorio.
Italia, epicentro europeo del agrivoltaico
El evento forma parte del proyecto europeo “Agrivoltaics Shared Value: A Concrete Path Forward”, respaldado por la European Climate Foundation. El objetivo es claro: acelerar la difusión de estos sistemas en toda Italia y posicionar al país como referente en la materia.
La Asociación Italiana Agrivoltaico Sostenibile (AIAS), que lidera la iniciativa, cuenta con más de 100 miembros entre empresas, instituciones y organizaciones del sector. Bajo la presidencia de ENEA, promueve el desarrollo de soluciones que integren eficiencia energética, sostenibilidad ambiental y rentabilidad agrícola.
Tecnología al servicio de la viticultura
La clave tecnológica del proyecto radica en la integración de sensores, paneles solares y sistemas de gestión inteligente. Cada parámetro se mide y se analiza en tiempo real. La información permite ajustar riego, poda y vendimia con base en datos concretos.
Esto significa que la producción ya no depende solo de la experiencia empírica del agricultor, sino de una plataforma tecnológica que optimiza cada decisión. Se trata de un paso hacia la agricultura de precisión, aplicada de manera particular a la viticultura, un sector de gran peso económico y cultural en Italia.
Biodiversidad y sostenibilidad
El agrivoltaico también promueve beneficios ambientales. Al reducir la radiación directa sobre el suelo, se conserva mejor la humedad y se evita la degradación de la tierra. Las pérgolas ofrecen refugio a diversas especies y aumentan la biodiversidad.
El impacto positivo se mide en tres dimensiones:
- Energética: generación de electricidad limpia cercana al consumo.
- Agrícola: uvas de mayor calidad y reducción del estrés hídrico.
- Social: fortalecimiento de las comunidades rurales y creación de empleo.
Mirando hacia el futuro
La experiencia de Puglia demuestra que es posible producir vino y electricidad en la misma superficie sin conflictos de uso de suelo. El reto inmediato es escalar este modelo y adaptarlo a otras regiones vitivinícolas del Mediterráneo.
La creciente presión climática obliga a repensar la forma en que se cultivan alimentos y se genera energía. El agrivoltaico surge como respuesta concreta y replicable. No se trata de un experimento aislado, sino de un camino que combina tradición, innovación y sostenibilidad.















