Investigadores de la Universidad de Grenoble reunieron en tres jornadas a 70 estudiantes de ambos sexos para que jueguen durante veinte minutos a videojuegos violentos y no violentos.
Luego, se les pidió que leyeran una historia sobre una situación de conflicto potencial, como por ejemplo un accidente de tránsito, e imaginaran la reacción de los protagonistas. Los que habían estado con el videojuego violento esperaban que los personajes adopten comportamientos hostiles, al contrario de los que no habían interactuado con juegos violentos.














