Como el inglés, tan alabado por su capacidad de adaptación,también el español se retuerce para dar cuenta de los usos y costumbres de esta era cibernética en la que estamos inmersos con expresiones directas y muy gráficas, aunque, eso sí, heterodoxas y alejadas del gusto de los académicos de la lengua.

Por ejemplo, a un desaprensivo que molesta en foros o discusiones en Internet con mensajes provocadores e irrelevantes se le llama “trol”, y “trolear”. Es lo que algunos hacen en Twitter o Facebook con el objetivo de generar polémica, ofender y, en última instancia, boicotear una cuenta o una discusión.
WhatsApp, la aplicación de mensajería instantánea más popular del mundo, y por la que Facebook pagó una auténtica fortuna, también ha dado lugar al verbo “wasapear”, que no recoge la Real Academia Española, pero que casi todo el mundo entiende por intercambiar mensajes a través de la aplicación del logo verde.
Otros ejemplos de la plasticidad que tiene el español a la hora de ponerse al día son palabras como: “pedefear” (generar un archivo con formato PDF a partir de otro), “clicar” (hacer clic con el ratón), “lincar” (de vincular -link- un contenido a otro), “postear” (subir un post o entrada de información a una página web o un blog), “fotochopear’ (retocar con Photoshop), “feisbuquear” (usar Facebook para encontrar personas) o “guglear” (buscar en Google).
No hace falta decir que la RAE todavía no ha admitido estos vocablos ni otros de uso más corriente como “meme” o “selfie”.
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