“Si observas la rapidez al andar o la velocidad de la marcha como un proceso, y lo combinas con la edad y sexo, predice muy bien la longevidad y la esperanza de vida. Así se puede adelantar con mucha más exactitud cuánto va a vivir esta persona” asegura Dina Katabi, directora del Center for Wireless Network, del MIT. Sus afirmaciones están basadas en un macroestudio llevado a cabo por el Instituto Tecnológico de Massachussetts en el que han analizado la forma de caminar de 64.000 personas diferentes en un período de tiempo entre seis y veinte años.

Midiendo la frecuencia de las zancadas, las distancias recorridas, la estabilidad y otros parámetros, el equipo de Katabi ha relacionado con bastante precisión la forma de andar de una persona con síntomas de enfermedades como la ELA, dolencias cardíacas, parkinson, alzehimer y otras: “no se trata solo de la esperanza de vida, sino de predecir problemas”.
Las métricas corroboran algo que los biólogos y los médicos ya sabían: que nuestro cuerpo es sabio y adapta sus movimientos conforme vamos avanzando en edad sin necesidad de que pensemos en ello. La tecnología lo que hace es detectarlo y ayudar a prevenir posibles problemas.
La posibilidad de medir el movimiento no es nueva, se lleva utilizando con distintos dispositivos desde hace años. Pero la mayoría de ellos -cámaras, weareables o smartphones- no son lo suficientemente precisos y, además, resultan invasivos. WiGait, la propuesta de Katabi y su equipo, soluciona estos problemas puesto que hace el seguimiento de los pasos de las personas analizando las señales inalámbricas que rebotan en su cuerpo a través de un dispositivo colocado en la pared de la vivienda.
Esto, además de permitir estudios durante períodos prolongados, consigue una fiabilidad entre el 85 y el 99%. Katabi asegura que gracias al análisis de los datos recogidos se pueden detectar síntomas de enfermedades, así como prever si es necesario ajustar las dosis de un tratamiento médico o si la persona tiene problemas de peso o respiratorios.
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