Lo que en principio no eran más que restos de pigmentos y trazos de arte rupestre hechos por quienes habitaron hace unos 24.000 años la cueva de El Pendo (norte de España), son en realidad tres ciervas que salen a la luz como si fueran «pinturas fantasma» gracias a la técnica de la teledetección espectral.
Esta herramienta ha permitido avanzar de forma «espectacular» en la documentación y el estudio del arte rupestre Paleolítico que, fruto de un proyecto de investigación desarrollado entre 2014 y 2017, permite «ver cosas que están» en las paredes de las cavidades prehistóricas en la región española de Cantabria, que «el ojo humano es incapaz de percibir».
A través de un sensor que «juega con la luz», en menos de un minuto se hace un barrido iluminando todo el espectro del que se quiere captar datos, pasando desde el ultravioleta hasta el infrarrojo cercano, y después se analizan las imágenes capturadas para obtener «lo que hay debajo, aunque no se vea».
La diferencia con las técnicas que se aplicaban hasta ahora es que con una cámara de fotografía convencional se podían captar tres bandas o valores de un pigmento -el rojo, el verde y el azul-, mientras que con la teledetección espectral se recogen hasta 420.
















