Acostarte repasando estados, fotografías, leyendo, mirando… levantarte y ver quién te ha escrito, quién no, saludando, enviando una imagen, mirando los nuevos estados (estados que dicen quién los ha visto…) Si esta es tu rutina diaria eres adicto al WhatsApp.

No te preocupes, estamos ante el momento de ponerle freno. Dicen algunos psicólogos que aleja de la vida real. Prefieres chatear con tus amigos a verles en directo, porque cuando estás con ellos haces lo mismo con otros amigos… y es verdad que eso es un problema. ¿Falta de interés? Tal vez la sensación de que lo que está fuera siempre es mejor. Y no es así. Puedes poner en práctica algunos consejos para que tu ‘adicción’ sea más liviana, ¡la cabeza necesita desconectar!
¿Conoces el modo avión? Sí, verdad… prueba a ponerlo cuando manejes. Total, está prohibido ver el móvil y aprovechas y consumes menos datos. Intenta que cuando veas una película, en casa o en el cine se repita la acción. Y si puedes, al menos dos horas cada día, mientras estés trabajando, con la bici, en el gimnasio, en casa haciendo otras cosas y verás como el tiempo te rinde más.
Podría ser una buena idea buscar un sitio alejado de tu campo visual para situar el teléfono, un lugar donde no veas el teléfono a todas horas. Ese contacto es fundamental para que la adicción sea más liviana. Si te cuesta mucho hacerlo, piensa qué te está ocurriendo.

Desactívalo todo: Para evitar el ruido o vibración de todas las notificaciones es recomendable silenciarlo todo, salvo a lo mejor las llamadas. Con todas las redes sociales activadas, los correos, los mensajes de texto… al final el día es un continuo ruido. Y para intentar que no nos absorba por completo debemos darnos cuenta que silenciarlo y no notar las vibraciones es un gran paso. Intenta probar por horas. Reconoce que no pasan tantas cosas interesantes.
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