El baloncesto americano es un fenómeno de masas. No sólo en Estados Unidos, sino más allá de sus fronteras. Ni siquiera importan los horarios o la necesidad de suscribirse a una determinada cadena de televisión como vía para ver los encuentros. Tampoco el alto coste de las entradas. O de un recuerdo de una camiseta cuando se viaja a los Estados Unidos. La NBA mueve ingentes cantidades de dinero. ¿Y sabemos cuánto es esa cantidad? Más de 10.000 millones de dólares, según datos oficiales. Entonces surge otra cuestión: ¿cómo se alcanza esa cifra?

Obviamente, la NBA cuenta con dos valiosos avales en términos monetarios: el poder de la historia de determinados clubes (New York Knicks, Lakers, Boston…) y las habilidades de sus estrellas, capaces de maravillar a miles de aficionados en cada actuación con el sencillo manejo de una pelota. La NBA es otro mundo en términos deportivos. Es un deporte orientado al espectáculo. No sólo al que se desarrolla sobre la cancha, sino a todas las acciones que acompañan a las más de tres horas de duración del evento.
Si partimos de esos 10.000 millones de dólares, el 90% de esa cantidad procede de la facturación que realizan, precisamente, tanto las 30 franquicias como esas estrellas que dan lustre al baloncesto americano. “Hemos sobrevivido a la pandemia”, vino a comentar Adam Silver, el comisionado del campeonato antes de indicar que las franquicias facturan por encima de los 1.000 millones de dólares, lo que supone un incremento de un 50 por ciento anual. Cifras que pocos deportes alcanzan. Quizá la NFL americana también se encuentran en dígitos envidiables para otros deportes.
Televisión, publicidad y merchandising
Si profundizamos en los datos económicos, la NBA obtiene unos importantes ingresos procedentes de los derechos audiovisuales. Hay que considerar que las retransmisiones de los 82 encuentros de temporada regular, más los correspondientes cruces hacia el anillo, se venden por cifras astronómicas. Algunos grupos mediáticos han desembolsado más de 24.000 millones de dólares por asegurarse los derechos durante nueve años. Y hablamos de cadenas americanas. Sumen cuántas televisiones existen en el mundo y están interesadas en este deporte.
La exclusividad en televisión se paga a precio de oro, pero sucede lo mismo con los contratos publicitarios. Es decir, contar con un determinado jugador como anunciante suele pagarse a precio inalcanzable para muchas marcas. Obviamente, esas marcas obtienen unos réditos suculentos en ventas al traspasar fronteras con la imagen de los jugadores. Hay contratos que se firman entorno a cifras superiores a los diez millones de dólares.
La tercera vertiente que aumenta la cuenta corriente de la NBA se encuentra en el merchandising; una acción que permite sumar hasta 40 millones de dólares en determinadas partidas a las franquicias. Desde camisetas a tazas, por indicar algunas compras típicas que suelen realizar los aficionados. Los videojuegos, otro sector que mueve miles de millones, también contribuye a reforzar el poder económico de la NBA. Las apuestas NBA por el contrario, no son la panacea a nivel económico para las franquicias, pero también suman porque qué aficionado no se resiste a hacer un pronóstico antes de disfrutar de un partido. A eso sumamos las entradas, aunque la capacidad de los pabellones no es excelsa si lo comparamos con los estadios donde se juega al fútbol. Los Knicks tienen el mayor aforo con algo más de 20.000 espectadores.
Objetivo: expansionarse
No crean, a pesar de estas cifras que el negocio de la NBA está tocando techo. Todo lo contrario. Según determinadas estimaciones, hay margen de crecimiento, especialmente si se compara con el precio de algunas franquicias de la NFL (el fútbol americano, otro deporte de referencia en Estados Unidos) o contratos que se firman en este campeonato. La NBA, incluso, está por debajo y por eso su necesidad de extenderse a nuevos territorios de los Estados Unidos. Es decir, hacer una liga más grande.
O de viajar hasta Europa o irse al lejano oriente en búsqueda de un contacto más cercano con otros aficionados. Aquí se encuentra la razón del aumento de jugadores provenientes de afuera de los Estados Unidos. En los años ochenta y noventa era raro ver extranjeros en la NBA. Ahora, son las estrellas: Jokic, Doncic o Antetokounmpo son un ejemplo.
Otro plus interesante será la nueva negociación de los derechos de televisión: se estima que se rompa literalmente la banca. Será un contrato astronómico. Pero ya se sabe, la NBA es dinero y espectáculo. Y lo es en todos los sentidos. Valga esta anécdota: una persona que trabaje como animador, sea una mascota de una franquicia, puede llevarse unos emolumentos cercanos a los 700.000 dólares por curso.
El futuro: ¿Las Vegas?
Y prepárense porque la NBA tiene pensado aterrizar en la meca de los juegos de azar, de las apuestas; ese desembarco en Las Vegas daría una nueva propulsión al baloncesto americano. ¡Pueden ir solicitando consejo a los rectores de la Fórmula 1!















